Misión y Visión

VISIÓN

“Amar incondicionalmente y reinar en vida”

La Iglesia del Señor (el Cuerpo de Cristo en la tierra) está llamada a amar como Dios; incondicionalmente y reinar en vida; como reina Su Hijo Jesucristo. En esta simple pero profunda declaración se encierra todo el mensaje del Eterno Pacto. La Biblia establece que “toda la ley en esta sola palabra se cumple – Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:14). También nos enseña: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Juan 4:7‐11). El amor de Dios es el que nos mueve a compasión y nos hace dar a conocerlo al mundo. Lo manifestamos con nuestras palabras, miradas, gestos y hechos. Tal como lo hizo nuestro Señor Jesucristo cuando anduvo sobre la tierra. Él es nuestro mayor ejemplo del amor de Dios.
Los hijos de Dios somos reyes y reinas sobre esta tierra reflejando y comunicando el reino (el gobierno) de Dios. Al ser hechos hijos de Dios, en Cristo Jesús, el Eterno nos hizo coherederos juntamente con él. Heredamos su reino; fuimos trasladados al reino de Su Hijo, Jesucristo. Hoy, la familia de la fe reina en vida, ejerciendo dominio en todas las esferas en la tierra (en su alma, en lo social, el gobierno, lo empresarial, las artes, la música, etc.). Poseemos del Espíritu, una diversidad de dones, ministerios y operaciones (estrategias) para que en AMOR logremos lo que sea para la gloria y la honra de nuestro Dios.

MISIÓN

"Crear conciencia al mundo de lo que hizo Dios en Cristo Jesús"

La Iglesia del Señor está llamada a servirle al mundo las buenas noticias. ¿Cuáles son esas buenas noticias? Por soberanía y amor de Dios, las buenas noticias son que Cristo, el postrer Adán vino al mundo para reconciliarlo con Su Padre, Dios. Lo hizo quitando el pecado del mundo. Un pecado que había entrado al mundo por la transgresión del primer hombre (la primera creación) llamado Adán. Pero Cristo vino a dar vida, y para que la tengamos en abundancia. Su muerte y resurrección lo hizo todo posible. Él dijo en la cruz: “Consumado es”. En otras palabras, su sacrificio logró el propósito: ¡La Reconciliación con Dios! Cristo se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado (Hebreos 9:26). El que cree Cristo no se pierde; obtiene vida eterna (Juan 3:16). Por eso, creemos que la Iglesia posee un importante cargo, una encomienda, una responsabilidad, una comisión, un apostolado, un ministerio; el ministerio de la reconciliación. El apóstol Pablo lo resumió de la siguiente manera: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;∙he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.”(2 Corintios 5:17‐20)