VINO NUEVO VS. VINO VIEJO

Autor: Obispo Frank Picón

Cuando compartimos el vino nuevo con el prójimo, le estamos amando y, a su vez, sirviendo a nuestro Señor Jesucristo. El “vino nuevo” es algo que escuchamos en prédicas y enseñanzas como que viene, que se manifestará o que es futuro, cuando en verdad YA ES. Me explico.

Jesús dijo: “De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20).

12038462_10153218282379389_164182669763052393_nJesus estaba, junto a los apóstoles, celebrando, literalmente, la última cena de la última fiesta solemne de Israel llamada la Pascua. Es ahí que revela el significado de aquella antigua sombra al decirles que aquella copa en sus manos era él mismo. Desde que el “YO SOY” lo ordenó la noche antes de salir de Egipto, hasta esa noche, ese momento, ese rito celebrado por judíos siempre fue la sombra de la verdadera copa, Jesus, el Cristo.

Jesus estaba a punto de derramar su sangre en el madero por la redención tuya y mía. El mismo lo reveló: “Esta copa (yo, Jesús) es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama”.

Esto es afirmado, esa misma noche y antes de entregarse en el lugar de la prensa, el jardín del Getsemaní, cuando orando, le dice al “Yo Soy”: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa (este cuerpo de carne y sangre); pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

La verdadera copa, Jesús el Cristo, fue el mediador de un nuevo pacto, interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto. Los llamados recibieron la promesa de la herencia eterna (Hebreos 9:15).

POR LA SANGRE (Hebreos 20:29) de Jesucristo (el vino nuevo), NO la de los corderos sacrificados por siglos (el vino viejo), los santificados o separados desde antes de la fundación del mundo, recibimos libertad para entrar al lugar santísimo – la presencia de Dios o la perfección. El autor de la carta a los Hebreos revela que “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10:14).

Ahora en Cristo Jesús, hemos sido hechos cercanos por Su sangre (Efesios 2:13). Hemos sido reconciliados con Dios mediante la cruz, teniendo entrada por un mismo Espíritu al Padre. En su sangre somos conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Efesios 2:16, 18-20).

La sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpió nuestras conciencias de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo (Hebreos 9:14).

Por medio de Cristo, la verdadera copa, fueron reconciliadas consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Colosenses 1:20).

Aquella copa verdadera nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado a Su reino, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (Colosenses 1:13-14).

La próxima vez que pienses servirle a Dios y a tu prójimo, recuerda que fuiste servido la copa de copas y un vino nuevo. Fuiste servido el mejor vino. ¡Fuiste servido a Jesucristo! Jesucristo es el Nuevo Pacto. Te aseguro que darás un servicio de primera, porque servirás por GRACIA, lo que por GRACIA fuiste servido.

Bendiciones

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